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"¿Debe la Educación Cívica volver a las salas de clases?"

No hay institucionalidad que sobreviva en medio del desprestigio; no hay política que fructifique a pesar del rechazo; no hay orden que prevalezca entre la indiferencia.

Sí, pues aunque siempre habrá buenas excusas para deslindar responsabilidades y achacarle a alguien más las faltas propias, en algún punto de la reflexión tendremos que toparnos con algo al menos similar a un deber moral respecto de nuestra democracia. Porque aunque tengamos reparos, aunque nos asalte la lata, el sistema político que por definición persigue la participación de todos, se debilita cuando tantos prefieren vivir encerrados en sus “derechos”.

Algunos dirán que se trató de un voto de rechazo, habrá otros que lo interpreten como un signo de confianza en la solidez de nuestros consensos. Sea como fuere, no pueden dejarnos tranquilos conclusiones sacadas de suposiciones que abundan en sesgos y voluntarismos políticos. El hecho irrefutable es que muchos, demasiados diría, prefirieron el pasado 28 de octubre quedarse en sus casas y frente a ello ciertas cosas debieran tomar renovado sentido, entre ellas la olvidada educación cívica.

Pero como no se trata de relevar su valor sólo en esta coyuntura, diremos que la educación cívica es aquel tópico llamado a enseñarnos que Chile es responsabilidad de todos, que lo que hemos llegado ser, no es sino el resultado del esfuerzo de tantos que dieron la vida por este país y que siempre habrá quienes estén de turno para celar su prosperidad. Y esos, hoy, somos nosotros, todos.

¿Entonces sólo pasa por ir a votar? ¿Son los colegios los encargados de inculcarles a los niños esos valores? ¿Que la libertad personal es más importante?

Acudir al local de votación para rayar una papeleta es una de sus manifestaciones posibles. Nuestra obligación con Chile comprende aspectos harto más cotidianos y que las más de las veces tienen que ver con un gesto amable, una actitud de respeto, con la honestidad. Y por supuesto que para alcanzar tales objetivos los colegios y sus profesores son una pieza capital. Pero nada, ni el mejor de los establecimientos podrá nunca sustituir la enseñanza que puertas adentro entregue gratuitamente la familia.

No incurramos en la seguridad falaz de creer que estamos listos, que ya nada podrá desviarnos del curso hacia el progreso y el mayor bienestar posible. Ya sabemos que la fuerza contra factual de las ideologías siempre será una amenaza que mantener a raya con decisión, y en ello la educación cívica juega un rol esencial.

¿Es más importante la libertad personal? La libertad es central, ejerzámosla para el bien de nuestro país.

Columna escrita en exclusiva para Acuerdos.cl