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"Isapres: ¿Legisladores al debe?"

No puedo estar más de acuerdo con el Senador Francisco Chahuán, cuando señala en una columna publicada en El Mostrador, que la salud requiere más y mejor mercado, con mayor información, más transparencia, más competencia y mejorar todas las herramientas que utiliza el consumidor para elegir en salud. Las personas hoy pueden disponer de una herramienta computacional en las páginas web de las Isapres para cotizar planes de salud, para comparar lo que tienen e incluso, luego podrán cambiarse de plan por este medio. Transparentar y facilitar la competencia es la mejor herramienta para el consumidor.

Sin embargo, hay que recordar que el sistema Isapre, siendo un buen seguro de salud, ha sido mal regulado y, por ello, en vez de aumentar el número de inversionistas que desean participar en este modelo, se ha reducido sustancialmente en los últimos 20 años. Las Isapres llegaron a tener el año 1997, al 30 % de la población del país, hoy es el 17 %. Cuando se eliminó el subsidio del 2 % que beneficiaba a trabajadores de rentas bajas que estaban en Isapres, el sistema perdió un millón de beneficiarios que no se ha podido recuperar y se disminuyó a un tercio el número de isapres. Cuando el 2005 se reguló la tabla de factores y la adecuación del precio base, apareció la judicialización. Todo ello expresión del fracaso de reformas inconducentes que se arrastran por años.

Cualquiera con un mínimo conocimiento de economía, descubriría la contradicción que vive este sistema: ¿Cómo se da la paradoja de supuestas enormes utilidades y que no existan interesados en emprender nuevas iniciativas en este sector? Vamos desmenuzando este enredo. El retorno sobre las ventas ha sido en promedio de 3,6 % sobre los ingresos. Traducido en pesos, son $ 2.000 por beneficiario al mes. La Isapre que obtuvo mayor utilidad ($ 17.000 millones) está muy por debajo de muchas empresas nacionales. Las utilidades de la banca, en su conjunto supera en alrededor de 15 veces a las Isapres; las compañías de seguros en casi cuatro veces.

Una compañía de bebidas alcohólicas ganó en igual periodo lo mismo que todo el sistema Isapre. Muchas empresas mineras, AFPs, retail, constructoras, inmobiliarias, de servicios sanitarios, ganan más que la Isapre que más gana y, algunas, ganan lo que gana todo el sistema Isapre.

En consecuencia, analizadas las cifras, parece que no todo lo que brilla es oro, ni la rentabilidad que ofrecen las Isapres resulta tan atractiva para los inversionistas, que prefieren otros sectores con menor riesgo político, mejores retornos sobre ventas, son mejor regulados, no están afectados por la exposición mediática sobre sus resultados, y tienen un futuro más seguro pues cuentan con un marco jurídico estable.

Por ello, preferiría destacar las coberturas y no las utilidades, los beneficios médicos y no los ratios económicos. Preferiría recalcar las 60 millones de prestaciones médicas cubiertas por las Isapres al año, los más de un millón cuatrocientos mil niños nacidos bajo la cobertura de estas instituciones y recordar a cada una de las miles de vidas salvadas gracias a la cobertura catastrófica de complejos trasplantes, realizados en servicios médicos de la excelente red de clínicas privadas que existe en Chile, desarrollada gracias al soporte financiero de las Isapres. Sería interesante pensar cómo hacer para que estos beneficios puedan alcanzar cada vez a más y más chilenos.

Pero, no. Parece que a pocos les interesa perfeccionar este sistema, aumentar su competencia como propone el senador Chahuán, e incorporar nuevos actores, sino que muchos se quedan en la crítica ideológica, que no hace más que alejar al inversionista y congelar el desarrollo de este seguro médico, que para miles de familias de clase media ha significado un gran alivio en momentos de aflicción en salud.

Parafraseando al senador digo, legisladores al debe, por la incapacidad de articular acuerdos políticos con el gobierno que hubiesen permitido cambios para que este sistema se hubiese extendido para servir a más chilenos y de mejor forma. Espero que no sea tarde.

Columna publicada en El Mostrador.