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"Más allá de Castilla"

En Chile, la discusión pública a nivel de medios sobre el fallo de la Corte Suprema mezcla tópicos que de otra forma no se hubieran unido fácilmente. A mi juicio, el fallo de la Corte Suprema va más allá de si es Castilla o no, sino más bien a la forma incorrecta de hacer las cosas. A mi juicio, el fallo realiza la crítica al fraccionamiento que el proyecto global hace de su puerto y la planta en sí, agregando que la evaluación del puerto y la planta son un mismo proyecto, por lo tanto debiendo ser presentados en una evaluación de impactos como uno sólo con todo lo que ello técnicamente implica. He aquí lo que está en discusión.

El proyecto en sí mismo podría haber sido una planta eólica, nuclear o de renovables, ya que en sí la crítica de fondo es la práctica habitual de tratar de evitar o enfrentar un sistema que puede ser adverso y que obviamente está dentro de las posibilidades. En este sentido, el sistema actual permite ingresar a evaluación o vía declaración distintas partes de un mismo proyecto, esto significa que HidroAysén puede presentar de forma independiente la línea de transmisión de la central hidroeléctrica o en este caso de Castilla su puerto como proyecto independiente de la termoeléctrica, pudiendo tener resultados como tener aprobado uno y no otro. Este espacio permitió hacer más fácil la presentación de proyectos, en el cual ciertos procesos ya conocidos podían no ser ingresados al sistema de evaluación. Sin embargo, también abrió las puertas a que algunos vieran esta como una oportunidad o forma de saltarse al sistema.

Al respecto, la Corte Suprema declara que en el caso Castilla ambos proyectos presentados de forma independiente son parte del mismo proyecto y que es el mismo concepto que la represa de HidroAysén y sus tendido son también uno solo. Si ambos proyectos incluyeran los costos incurridos en términos de judicialización, mejoras al proyecto original, equipos de evaluación en ambos sumados todos hasta el día de hoy, quizá hubiera sido más plausible invertir al inicio en un buen proyecto con medidas correctivas y de mitigación que recibir un fallo adverso.

A pesar que estoy en contra del fomento del consumo de combustibles fósiles, en ningún momento la Corte Suprema se ha referido a ello. Nos guste o no, el fallo nada tiene que ver con los sentimientos que uno posea por centrales termoeléctricas sino más bien con la forma de ser presentado a un sistema que pertenece a una nueva institucionalidad. Lamentablemente, el fallo adverso ha dado para declaraciones negativistas acerca de la vulnerabilidad que Chile tendría por no contar con esta fuente de electricidad, dando paso a la aceleración de procesos de interconexión como de carretera eléctrica; proyectos que con o sin Castilla debían de igual manera resolverse. Peor aún, ya ciertos expertos han declarado que Chile no puede darse el lujo de no contar con esta fuente de energía – el carbón – dado que nuestra contribución al calentamiento global sería marginal en comparación con otros países que continúan aumentando las suyas.

Irónicamente, esta declaración se encuentra al mismo nivel de mala práctica que decir que si el vecino tira dos bolsas de basura a la calle, ¿por qué yo no puedo tirar o dejar caer un papelito u otro desecho? Es más, el argumentar que se requiere carbón para “alcanzar el desarrollo” o “superar la pobreza” es tan poco válido como argumentar al pedir una favor a un pariente con la frase “hazlo por mí”, en donde el razonamiento debiera ser el tratar de hacer lo correcto mediante incluir nuevas fuentes menos contaminantes y con menor impacto en vez de argumentar que si el otro no lo hace, entonces para qué yo hacerlo.

Quizás el carbón pueda ser barato para la generación de electricidad, pero al final alguien su impacto deberá pagar; quizá directamente en donde se genera o indirectamente en quien debe pagar por ser carbono neutral, reducir su huella o del granjero que vive sequías debido a que el calentamiento global se hace patente. Al respecto nada es gratis, pero este fallo no habla sobre el carbón o de su impacto, sino más bien acerca del cómo fue presentado, hablando más de nosotros mismos que de una política energética con un norte definido; sin embargo como siempre, la discusión se ha mezclado.

¿Basta con reevaluar el proyecto? Creo que sí, como una sola unidad, aprendiendo de lo que fue criticado y realizando las modificaciones que fueran convenientes porque de verdad se puede.

Columna escrita en exclusiva para Acuerdos.cl