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"No podemos permitir que el debate frene desarrollo de esta industria"

En los últimos días el litio ha aparecido como nunca antes en los medios nacionales debido al llamado a licitación que hizo el Gobierno por una cuota de producción de 100.000 toneladas en 20 años. Muchas opiniones han surgido al respecto, siendo el denominador común de la mayoría de ellas la falta de conocimiento de la industria mundial en general y de la situación en Chile en particular. Es por ello que quisiera poner sobre la mesa algunos insumos para la discusión pública respecto de un mineral que es importante (pero no fundamental) para el desarrollo de nuestro país.

El litio es un mineral cuyas características intrínsecas hacen que sea ampliamente utilizado en diversas aplicaciones: desde su uso en medicina para el tratamiento del desorden bipolar hasta su uso en vidrios, cerámicas, grasas lubricantes y baterías. Estas últimas representan la aplicación con mayor potencial de crecimiento: de un 30% de participación en el consumo podrían llegar a más de un 50% en quince años. Este gran potencial radica por el cada vez mayor uso de dispositivos móviles (celulares, tablets, notebooks) así como también por el futuro de los vehículos a propulsión eléctrica. Para poner las cosas en contexto: la batería de un iphone, por ejemplo, contiene entre 2 y 3 gramos de litio medido como LCE (carbonato de litio equivalente) en tanto que la batería de un auto eléctrico, como la del Mitsubishi i-Miev, contendría entre 12 y 15 kilos de litio como LCE.

Chile concentra aproximadamente un 30% de las reservas mundiales de litio de las cuales la mayor parte se encuentran en el Salar de Atacama. La producción de litio en Chile data de la primera mitad de los ochenta cuando la Sociedad Chilena del Litio (SCL), actual Rockwood Lithium, comenzó a producir carbonato de litio con una capacidad instalada de 13.000 toneladas como LCE. En ese momento SCL pertenecía a la norteamericana Foot Minerals y a Corfo. Un par de años más tarde se forma Minsal, una sociedad entre Corfo, Amax y Molymet, la cual fue traspasada en la primera mitad de los noventa a la Sociedad Química y Minera de Chile, actual SQM. Hacia fines de 1996 SQM produce carbonato de litio por primera vez, convirtiéndose en pocos años el principal productor mundial de este mineral con una capacidad actual que sobrepasa las 40.000 toneladas. Hoy en día Corfo sigue siendo dueño del Salar de Atacama y mediante contratos de arrendamiento SQM y Rockwood Lithium explotan y comercializan químicos de litio. Es importante comentar que en Chile el litio está regulado también por la Comisión Chilena de Energía Nuclear, entidad que establece las cuotas y los plazos máximos de extracción para estas dos empresas.

Al año se consumen alrededor de 150.000 toneladas de litio como LCE en el mundo, lo que equivale a un tamaño de mercado de aproximadamente US$ 800 – 900 millones. Chile es el primer productor mundial de este mineral: en 2011 suministró un 35% de la oferta, lo que significó para el país exportaciones totales por US$ 204 millones (0,46% de las exportaciones de cobre). La principal ventaja de Chile en el mundo, y que le ha permitido posicionarse como líder de la industria es que en el Salar de Atacama, donde operan SQM y Rockwood Lithium, se concentran las mejores (no mayores) reservas de litio del mundo. Esto implica que el carbonato de litio (principal producto comercializado) obtenido a partir de las salmueras extraídas del Salar de Atacama es (y probablemente seguirá siendo) el de menor costo de producción en el mundo.

El resto de los salares en Chile hoy en día no están en producción, y básicamente porque la mayoría de ellos están bajo la actual normativa que establece que el litio es un mineral de Interés Nacional y que por tanto no es sujeto a concesión.

La situación internacional de este mineral, en conjunto con su gran potencial como fuente de almacenamiento de energía, ha hecho que en el mundo se estén evaluando en la actualidad más de 90 proyectos de litio. Empresas como Toyota y Mitsubishi están apostando sus fichas en depósitos al otro lado de la cordillera, en las provincias de Salta y Jujuy.

El gobierno chileno está llamando a licitar una cuota de explotación en aquellas pertenencias mineras en donde el litio no se puede explotar por su carácter de no concesibilidad. Dicha cuota (que sería la primera de varias) corresponde sólo a un 1,3% de las reservas nacionales, las que ciertamente no gozan de las bondades del Salar de Atacama porque este salar no es parte de la licitación.

Es de esperar entonces que la discusión pública sea sobre la base de un conocimiento real de la industria que apunte a cómo aprovechar nuestros recursos naturales de manera sustentable y sostenible en el tiempo. No debemos olvidar que el litio jamás será lo que el cobre es para el país; pero no por eso podemos permitir que situaciones coyunturales vayan a frenar el desarrollo de esta industria que tiene un potencial importante no sólo en términos de generación de recursos sino que también en términos de su aporte al desarrollo de tecnologías limpias y sustentables.

Columna publicada en el portal de la revista Qué Pasa Minería.