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Claudia Jiménez

Nombre:
Claudia Jiménez
Nombre Proyecto:
Proyecto “Reciclaje, una oportunidad para la reinserción”
Lugar Proyecto:
Cárcel de Colina II
Descripción Proyecto:

Claudia Jiménez lideró proyecto para optimizar la gestión sustentable de los residuos del penal Colina II y enseñar a los internos del modulo 5 sobre la importancia ambiental y social del reciclaje, por medio de la elaboración de productos de eco diseño.

Por Kathrine Larsen

Gendarmería y Fundación Casa de la Paz se unieron para realizar durante los cinco primero meses de 2016 el proyecto “Reciclaje, una oportunidad para la reinserción”. La iniciativa, que contó con el financiamiento del Ministerio de Desarrollo Social, favoreció a los internos del Centro de Cumplimiento Penitenciario Colina II y su objetivo fue ; al mismo tiempo se buscó implementar un negocio que permitiera habilitar a los internos para el trabajo y entregar una oportunidad de reinserción e inclusión social.

A cargo del proceso creativo estuvo la profesora de diseño industrial del Instituto Profesional DUOC UC y de la Universidad Diego Portales, Claudia Jiménez. También formaron parte del equipo tres alumnos de diseño industrial que realizaron su práctica profesional, apoyando en la comunicación con los internos, generando material de difusión y participando en los talleres productivos. El proyecto se desarrolló en el módulo 5 de la cárcel, una vez a la semana.

Claudia Jiménez explica que el primer paso del proyecto apuntó a realizar un diagnóstico de las capacidades de los internos y los talleres que habían hecho previamente. Y es que el modulo 5 ya había acogido proyectos ligados a la reutilización de materiales: uno implementado por Claudia Caroca, encargada del programa de reinserción socio laboral “Colina 2.Zero” y otro de la Universidad Católica.

Los materiales disponibles para el proyecto fueron botellas PET, cajas de cartón y bolsas plásticas. La profesora destaca que “el 80 % de los materiales tenían que provenir del mismo penal y ser reutilizados o reciclados por ellos mismos”. El segundo paso consistió en dividir los talleres en tres según el material. El primero fue el “Taller de PET”, con el que los internos ya estaban trabajando desde hace tiempo.Claudia explica que su equipo entró a sistematizar ese proceso productivo, mejorando la implementación de herramientas y mobiliario y estandarizando medidas según normativas. Pone como ejemplo que antes lavaban las botellas con el agua corriente y su equipo estableció un diseño en el que un interno lava y otro enjuaga, de manera de controlar la cantidad de agua por cada botella lavada. Subraya que propusieron mejoras en términos ambientales y productivos. “Los de PET ya tenían el producto, y nosotros sistematizamos los procesos productivos y generamos la aplicación de marca para su comercialización”, detalla.

También se creó un “Taller de costura”, donde se trabajó con bolsas plásticas. Jiménez cuenta que tuvieron a su disposición una máquina de coser, pero hacia el final el taller se agrandó y los internos pidieron una segunda máquina para trabajar. Luego comenta que el trabajo estuvo marcado por “un proceso de diseño de productos en conjunto. Mandamos a hacer una etiqueta para poner en el producto terminado, la marca “Recupera”, tanto por el material como por ellos, tenía ese doble sentido”.

El último taller fue “Taller de pulpa” (de papel). La diseñadora apunta que mientras en los talleres de PET y costura los internos eran más adultos y con grupos muy consolidados, este taller fue integrado por jóvenes que siempre rotaron. “En este sentido, se trató de un grupo más complejo. Pero como el producto era tan rápido de hacer, eran muy efectivos los resultados también. Con este grupo se trabajó en productos simples y sencillos porque es difícil manejar la tolerancia a la frustración cuando estás partiendo”.

No obstante, recalca que los internos estaban abiertos y dispuestos a participar en el proyecto, debido a que obtienen beneficios. “Los que participaron son los que están desde hace mucho tiempo y les queda mucho tiempo, y les gusta hacer cosas manuales, en el modulo 5 hay un taller de carpintería, tienen un huerto, ya hay una capacidad instalada que se mueve en torno a la creación manual y la sustetabilidad. Eso nos dio un cimiento bastante poderoso para poder trabajar”.

El proyecto debió incluir un proceso de adaptación y conocimiento entre ambas partes. A continuación había que identificar quién era el líder. “Es importante porque a él teníamos que pedirle avances en un determinado tiempo, y como no estábamos ahí siempre, teníamos que dejar tareas. Y se las encargábamos a él para que hubiese un responsable en el cumplimiento de ellas”.

Al ser consultada por las dificultades, la experta sostiene que el punto débil del proyecto es la comercialización. Debido a que el penal de Colina II no es “CET” (Centro de Educación y Trabajo en Régimen Cerrado) no cuenta con la capacidad de poder facturar, lo que dificulta mucho la comercialización de productos. “Colina II se debiera transformar en un “CET sustentable”, en el futuro estará ese espacio disponible, pero por ahora todo el tema de comercialización es difícil y con este proyecto no se logró solucionar”, afirma.

Claudia luego agrega que, como los productos no se pueden vender, se regalan, por ejemplo, a jardines infantiles. “Los internos diseñaron y fabricaron baberos. Ese es un modelo de negocio que podría funcionar: Encontrar una organización, alguien que necesite algo y diseñar esos objetos, Hacer esto motiva a los internos. Más allá de sólo obtener un beneficio monetario por vender el producto, sentir que están aportando a una comunidad. Estoy buscando fondos para ver cómo poder poner en marcha eso, porque los productos ya están diseñados”.

Participación en el II Congreso Latinoamericano de Eco diseño ECODAL

Al término del proyecto, Claudia asistió al ECODAL, un congreso de eco diseño que se realizó en Bogotá, Colombia, a principios de noviembre 2016. “Postulé el proyecto al área “educación ambiental”, dice.

La docente recalca que el eco diseño se divide en dos áreas; hacer un buen análisis de ciclo de vida (indicadores en términos a materiales, el proceso productivo e impactos ambientales) y estrategia del eco diseño (herramientas cualitativas que se aplican en el momento de diseñar un producto). Esas herramientas fueron aplicadas a su proyecto para diseñar los objetos y optimizar el proceso y los materiales. Claudia indica que el proyecto abarcó muchas áreas interesantes para el congreso, por lo que despertó gran interés. “Hablé con un expositor colombiano que ha trabajado con internos, pero en Colombia se ha visto poco del tema. Han trabajado con ellos en diseñar un producto, pero no se ha visto toda la cadena. Quizás nuestro proyecto funcionó un poco como inspiración. Toda esa gente en un lugar, muchos residuos a la vez, entonces trabajamos en cómo gestionar esos residuos y cómo darles una vida útil. Tiene toda la lógica para que pueda funcionar. Además ves la cadena completa, a gran escala y a pequeña escala”. Recuerda además que se le acercó un grupo de alumnos que estaban muy motivados, ya que les hacía mucho sentido cómo el diseño aporta a la sociedad, y no solo al bien de consumo. “Fue motivante para ellos escuchar cómo yo, siendo profesora, integré a mis alumnos a hacer su práctica profesional y que para ellos fue gratificante estar en un proyecto como este con un lado más social, y no en la creación de productos en masa. En Colombia tienen tantas problemáticas sociales como nosotros, pero allá no se había visto este tipo de proyecto, entonces ahí dejé una semillita desde el medio ambiente y desde lo social”.

Finalmente Jiménez menciona su deseo de seguir trabajando con los internos, ya que la creación manual le hace sentido pues les ayuda a pasar el tiempo. “El grupo se dispone de otra manera, se trabaja, se concentran. Ellos mismos lo han dicho, les da sentido al tiempo que tienen…porque lo que más tienen ahí es tiempo. De hecho, de una semana a otra yo les dejaba encargos y a veces tenían más cosas hechas. Eso es muy significativo y es enriquecedor trabajar así”.

Según indica uno siempre ve el producto finalizado, pero no ve el proceso. “Experimentar es algo maravilloso que solamente se vive en un proceso creativo. Vas generando amistades o vínculos desde la creación y conversación. Porque ahí todos éramos iguales. Yo me quedo con eso, para mí es muy potente el proceso de crear en conjunto. Da lo mismo de dónde vienes, si yo tengo una carrera universitaria y ellos no, porque ellos tienen otros conocimientos que les dio la vida. Eso es muy valioso”.